La transformación y la mutación son dos cosas totalmente distintas. Aunque la mutación viene acompañada de transformaciones, en realidad lo material -incluyendo al pensamiento- está siempre transformándose, sin que eso signifique que esté mutando. Esta continua transformación sigue un patrón determinado que va repitiéndose continuamente de forma cíclica -como se refleja a gran escala en las estaciones o en el movimiento de los planetas-, siguiendo una inercia que no altera substancialmente su curso a no ser que se produzca alguna mutación.
De forma análoga, el cerebro humano ha estado funcionando dentro de un mismo patrón o corriente durante milenios, con exepción de unos pocos individuos que se han salido. La mutación es precisamente este "salirse de la corriente". A diferencia de la transformación, la mutación, aunque tiene un impacto fundamental en el flujo temporal, es instantánea.
Una manera de verlo sería comparar el cerebro con un cuarto oscuro. Si ha estado siempre a oscuras, no puede concebir estar iluminado. Ha ido siguiendo un patrón repetitivo que lo ha ido atrofiando, volviéndolo opaco a la luz. La única manera de salirse de él es empezar a subir persianas. No es que tenga que ir en busca de la luz, entre otras cosas porque no puede buscar algo que no conoce. Sólo necesita subir persianas para que empiece a entrar porque, en realidad, la luz ya lo ha estado intentando de todas las maneras posibles, incluso por los pocos resquicios que ha encontrado. Esta luz va llegando a ráfagas con cada persiana subida. No obstante, cada una de estas ráfagas es instantánea. Es como encender un interruptor. El cuarto pasa a estar iluminado de manera instantánea cada vez que se sube una persiana, revelándose una parte de él que hasta ese momento permanecía oculta. Y el hecho de poder verla también es instantáneo. Aunque observar bien una parte del cuarto nos lleve un buen rato, el salto realmente cualitativo es la entrada de la luz y no requiere tiempo. Luego, a medida que vayamos viendo el cuarto, lo transformaremos y pondremos orden, porque veremos cosas que necesitan cambiar. Esta transformación tiene sentido gracias a la mutación que supone la entrada de luz, y sí que requiere tiempo. La mutación en el cerebro sigue un proceso análogo.
En Oriente, está muy extendida la idea de la reencarnación como una forma de continuidad. Y aunque en el fondo exista la promesa de salirse de la rueda para no volver a encarnar, la idea que se tiene es que eso llegará después de una larga transformación. En realidad, la reencarnación se produce dentro de un ciclo de transformaciones que van repitiéndose y en el que nada realmente nuevo puede ocurrir si no hay alguna mutación. La mutación se corresponde en realidad con hechos como la iluminación o la resurrección, en los que sí que nace algo totalmente nuevo de manera instantánea. A pesar de ello, la mente se aferra a estas ideas esperando continuidad, y dentro de esta esperanza la mutación no puede tener cabida. La continuidad impide totalmente la mutación, porque algo que continúa, aunque se transforme, no puede dar lugar a nada realmente nuevo. Por eso, la auténtica mutación no llega cuando se espera por ella, pues la misma espera es una forma de continuidad que niega cualquier posibilidad de mutación. Es algo que sólo puede ocurrir a cada instante, de forma imprevista. Esto es lo que significa "morir en vida" o "nacer por segunda vez".
Juanan — 04-02-2009 00:54:36
katia — 16-02-2009 21:53:51
Matlop — 19-03-2009 20:57:49