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:: Mutantes ::

El sentido de la evolución

Archivado en General • Fecha: 12-02-2008 23:26:50

El otro día hablando con un amigo surgió otra vez el tema de cuál es el auténtico sentido de la evolución humana. Es un tema que se suele malinterpretar, y cuya consideración es crucial para entender el verdadero significado de la mutación humana.

Desde un punto de vista superficial, podemos ver cómo el cerebro humano ha ido evolucionando hasta llegar a su forma actual, en la cual conviven de manera más o menos diferenciada tres partes: una base reptiliana, un cerebro mamífero en una segunda capa y el córtex en la superficie. El tamaño del córtex ha ido aumentando a medida que el hombre se ha ido haciendo más astuto, más ingenioso, más erudito, pero la base animal ha seguido predominando en su manera de actuar.

Porque, si consideramos el tema con profundidad, ¿en qué sentido se ha estado manifestando la evolución? Podríamos decir que hasta ahora la evolución humana ha consistido básicamente en una expansión cuantitativa del cerebro a través de la acumulación. Este patrón de conducta proviene del instinto básico de supervivencia, surgido a partir del miedo animal que lleva a forzar la maquinaria del cerebro en búsqueda de seguridad. Esta conducta animal ha adquirido proporciones gigantescas debido a la astucia del cerebro humano, que en este sentido sí ha evolucionado mucho. Es el modelo que ha predominado hasta ahora, y el mundo atormentado de hoy es el reflejo de esa actitud.

Pero lo que no se suele percibir en general es que esta clase de evolución cuantitativa no puede en ningún modo producir una auténtica transformación, una revolución total que permita la aparición de un nuevo ser humano. El salto cualitativo, que es el que marca una auténtica mutación, no llega dentro de este patrón temporal que presupone que a base de ir acumulando se llegará eventualmente en el futuro a un estado superior. La mutación llega cuando se descarta totalmente el patrón acumulativo como intento de buscar seguridad en la identificación con el mundo material, ya sea a través de objetos o de ideas. Este patrón interno es el que se manifiesta en comportamientos como la competencia, la envidia, la comparación o la ambición. Y también externamente en las guerras, así como en todos los nacionalismos y divisiones políticas, religiosas y sociales.

Que todo este conflicto se sigue manifestando es un hecho obvio, aunque a veces se haya maquillado y reprimido. Pero, quizás porque nos gusta pensar que somos seres muy evolucionados, nos cuesta reconocerlo como tal. Basta con echar un vistazo a un libro de historia del siglo XX para ver que, si bien la evolución ha sido tremenda en el plano tecnológico, seguimos siendo psicológicamente tan o más bárbaros que hace miles de años. Y el problema es ahora si cabe más grave porque el hombre se ha vuelto más astuto.

No es llenando ni forzando el cerebro que llegará la nueva raza humana. Se manifestará cuando el cerebro se dé cuenta de su comportamiento autodestructivo y mute así celularmente, cambiando cualitativamente su manera de funcionar y poniendo fin al incesante conflicto interno que lo ha ido degradando a lo largo de tantos años. Sólo así puede surgir algo nuevo, un ser humano totalmente diferente en todos los ámbitos. No en vano es a esto a lo que se refirió y dedicó Krishnamurti durante toda su vida de forma inigualable.

De momento, esta actitud sigue siendo minoritaria, como se refleja por ejemplo en el discurso de los políticos, que empujados por el sentir general buscan crecer y progresar continuamente, sin pararse a considerar si tiene algún sentido. Hoy en día progreso y progresismo son palabras que se utilizan continuamente para simbolizar un supuesto proceso de mejora, pero nada tienen que ver con la mutación.

Leyendo El secreto del electromagnetismo de los alimentos, de Nicolás Capo, encontré un comentario que enlaza con lo dicho:

<<[...]El problema es muy delicado, atrevido, sutil, maravilloso e interesante, por lo osado, como todo lo que se refiere a ese arcano y enigmático centro intelectual y mental del cerebro del hombre, el Homo sapiens. Cuando tenía 21 años <<veía>> estos temas de modo muy distinto, pensando que todos los cerebros eran iguales, solamente había que instruirlos, educarlos, eruditizarlos para que fueran geniales. Hoy, a los 65 años, comprendo el problema de muy distinto punto de vista.

Un hombre de 21 años puede pensar que el cerebro (de cualquier raza que sea; blanca, amarilla, cobriza, negra), alfabetizado e instruido, puede llegar a despuntar hasta donde llega el que más.

Sí ¡de acuerdo! Pero es en cuanto al relativo desarrollo intelectual, no al espiritual, pero no a la creación sutil mental. No es cuestión cortical, es cuestión selectiva sutilísima, podríamos decir: humana, superhumana. Y es que vemos que hay hombres que no son hombres sino bestias, aunque hayan cursado estudios en grandes academias. Por otra parte, vemos que hay hombres que no son hombres, sino superhombres, y no ya en intelecto, en terminismos, en literatura, sino en creación moral y en conciencia espiritual.

Y ése es el hombre evolucionado. No quiero citar casos ni nombres, el lector inteligente y mejor aún, el intuitivo, lo comprende bien y lo constata. <<Es en el infinito que platican los dioses>>.

Éste es un tema de carácter libre, comentado al margen de los conceptos aceptados oficialmente, una imagen de una vibración (en la voz del silencio) del <<hombre interior>>.

El gran pensamiento del siglo XIX, creía que el mundo era una ecuación de materia con la idea de combatir las supersticiones del hombre en la noche de las edades pasadas, creando mitos y sacrificios de sangre humana. Está bien. Estamos de acuerdo, ateniéndonos a esa razón de

racionalizar un poco al hombre de la caverna, lo podemos amitir momentáneamente, parentéticamente. Pero es que el siglo XX comienza a decirnos que no hay materia ni espíritu, y que todo <<es uno>>. (Lo que está arriba está abajo, y lo que está abajo está arriba).

¿Qué es el <<uno>>?¿Para qué el espíritu y la materia?¿A dónde van? Si no existiera <<ese>> movimiento de soles siderales, galaxias, y hombres en esta esfera terráquea ¿qué existiría? ¡La Nada! Y ¿qué es la <<nada>>? Un silencio categórico que se impone. No sabemos nada: ¡Misterio!¡En el Misterio nadamos!>>

Escrito por Rubén
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