<<Por esto os digo: no os inquietéis por vuestra vida, sobre qué comeréis y beberéis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? ¿Y de qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?>>
St. Mateo 6, 25-31
<<Cuando subiendo por un mástil llegas a su punta y no sabes dónde ir, ¿qué haces?.....Das un paso en el vacío>>
Koan zen
Tu historia personal es la que te dice quién eres, de dónde vienes y qué se espera de ti. Funciona como un programa incrustrado en el cerebro que se ha ido formando con todas las experiencias del pasado sobre la base de las influencias genéticas, familiares, sociales y culturales que has recibido. En él se incluyen rencores, placeres, deseos, éxitos y logros, pérdidas y fracasos, traumas, todo ello configurando roles predeterminados, personalidades desviadas muy comunes como la de la víctima herida e incomprendida que vive culpando al mundo de sus pesares, en una eterna demanda insatisfecha, o la del superficial que vive de cara a la galería y ha aprendido a apreciar su valor a través de la comparación, confundiendo parecer y ser. Es ésta la principal trampa que te impide ser libre y te estanca en círculos viciosos de pensamientos, emociones, deseos y necesidades con los que te identificas adoptándolos como rígidas pautas de comportamiento sin cuestionarlas seriamente. Nace de la necesidad de buscar seguridad agarrándote a muletas para encajar en algún modelo en el que poder aparentar ser alguien ante los demás. En una realidad de infinitas posibilidades por descubrir, tu historia personal conjura para atraparte en modelos y prejuicios fijos por miedo a no ser querido y aceptado. En realidad, tu historia personal no es más que una definición mental, una cárcel racional de la que en general ni siquiera sospechas estar cautivo. Identificarte con ella es comulgar con la ceguera de creer que eres lo que piensas que eres. Dejar de hacerlo significa dejar de definirte para abrir la puerta a las infinitas posibilidades latentes en ti. Cuando no crees ser nadie mueres y naces a cada momento.
Si no eres nadie no hay cuentas que rendir, ni moldes a los que ajustarte para poder ser aceptado por alguien. Si sabes que tu historia personal es sólo una ficción mental que has elaborado, un guión más o menos inconsciente de vida que sigues interpretando por miedo al
rechazo, dejas de jugar a esconderte tras máscaras que defiendan lo que crees ser, lo que crees haber conseguido. Si no te identificas a nada, eres todo a la vez, no hay nada que perder ni que ganar. El insulto y el elogio significan lo mismo, porque no hay nadie para recibirlos. La ambición no tiene sentido, porque dejas de crear imágenes para intentar definirte a ti o a los demás. Sin historia no hay futuro por el que angustiarse ni pasado que justificar. El único futuro es ahora. Das un paso en el vacío y descubres que, sin camino bajo tus pies, el espacio a tu alcance es ilimitado.
Juanan — 01-10-2007 14:45:53
Rubén — 01-10-2007 20:33:32