Learning to care es un reportaje rodado durante un año en la escuela pública infantil japonesa Minami Kodatsuno, en la ciudad de Kanazawa, de unos ocho mil habitantes, en el que se muestra cómo transcurre el aprendizaje en una clase de niños de diez años. Es un canto a la vida, un cálido rayo de luz dentro del panorama gris que nos envuelve. Acostumbrados a convivir con la mediocridad a todos los niveles, habituados al nihilismo cínico y morboso de unos medios de comunicación que se aprovechan de la tremenda confusión general para obtener ganancia a costa de la inconsciencia ajena, reconforta contemplar obras como ésta que muestran la belleza del arte de vivir, tan radicalmente alejada de la locura imperante.
El primer día de clase, el profesor Toshiro Kanamori les recuerda a los alumnos el motivo de su presencia en clase y, por extensión, de toda su vida: <<Estáis aquí para ser felices. Todos tienen que ser felices. Si una persona no es feliz, nadie lo será>>. Como se ve a lo largo del reportaje, se refiere Toshiro a una felicidad muy diferente a la que en general solemos concebir, que no se basa en la búsqueda excluyente del propio placer sino en una auténtica comunión con la vida y con los otros. Se entiende pues la vida globalmente, de manera holística. No se distingue entre vida escolar, vida familiar y vida profesional, ni entre vida propia y ajena. La vida es una e incluye a todo. No se va a clase por obligación, aguantando tediosamente el trámite para subsistir profesionalmente en un hipotético futuro. Lo que está en juego es mucho más crucial. Hay que aprender a vivir. Queda claro a lo largo del curso que esto es lo más importante, mucho más que aprender álgebra o caligrafía. Y hay que hacerlo segundo a segundo, sin prisas ni autoridad a la que obedecer, sin méritos que ganar ni recompensas que obtener más allá del propio aprendizaje. Y para hacerlo hay que aprender a morir. Aprender a aceptar la muerte y a convivir con ella de manera natural abre el camino a una vida auténtica y profunda. Esta bella actitud, que sale a menudo a relucir en el documental, se contrapone radicalmente con la tendencia de la educación actual, reflejo de una sociedad mezquina que niega la muerte y la esconde como tema tabú en el estante del olvido. Por el contrario, se enseña aquí que la vida plena pasa por aceptar la propia vulnerabilidad, por abandonar parapetos y autosuficiencias ficticias, por poner el pecho al descubierto y aceptar la propia debilidad. Los niños aprenden a hacerse responsables reflejándose en los demás, viendo su propia debilidad en los otros y haciéndose copartícipes de lo que siente el compañero. Nace entonces una auténtica colaboración de manera natural.
Estos aspectos están muy alejados de la educación de hoy en día, siendo en realidad el reflejo de una sociedad competitiva en la que lo más importante es defender el propio estado, los pequeños placeres e intereses personales. Y esta misma educación retroalimenta a su vez el mismo modelo suicida, configurando un círculo vicioso que va agrandándose a cada paso. Pararlo es difícil cuando los mismos profesores están demasiado implicados en el sistema como para darle una vuelta radical. La inercia hace que sigan fomentando en los niños el viejo modelo competitivo basado en la comparación, en el que lo más importante es ir aprobando exámenes y conseguir destacar sobre los demás. Un modelo donde lo realmente importante, que es aprender a vivir, no tiene cabida. Todo ello en nombre del progreso. Un progreso que uno, cuando mira honestamente, no ve por ningún lado. Puede que para tomar conciencia real de la urgencia del cambio haya que esperar a que la bomba nos estalle en las manos.
Os recomiendo encarecidamente que lo veáis. Fue emitido en el canal 33 de Cataluña, traducido al catalán con el título “Pensant en els altres”. Ésta es la versión que yo he encontrado en el eMule.
Fragmento de Learning to care
Juanan — 22-06-2007 11:45:02