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:: Mutantes ::

La política y sus tópicos

Archivado en General • Fecha: 19-06-2006 11:03:18

Ayer, al hilo del referendum sobre la propuesta de nuevo Estatuto para Cataluña, surgió una conversación sobre la validez del voto en blanco, y me pareció que la impresión generalizada sobre esta posibilidad es bastante superficial. De hecho, ante la sensación mayoritaria de que éste no sirve para nada, y de que su cómputo va a parar directamente a la opción que gana, llegué a dudar. Y entonando el mea culpa, he indagado sobre el asunto. El voto en blanco, si bien no tenido en cuenta por la incomodidad que supone para los partidos políticos, es una opción que, lejos de ser una conformidad borrega y sumisa con la opción mayoritaria, puede constituir la única posibilidad legítima de protesta auténtica ante el actual panorama político. Y el hecho de que haya una impresión extendida de lo contrario es la evidencia del poco interés que tienen los partidos en dar a conocer esta posibilidad. Sobre el voto en blanco hay una leyenda urbana curiosa: casi todo el mundo está convencido de que los votos en blanco se suman al partido más votado en esa circunscripción. No es así. Es cierto que tienen un efecto electoral por el hecho de considerarse votos válidos, pero es una posibilidad muy remota y que para nada se relaciona con el partido más votado. Para que un partido pueda entrar en el reparto de escaños de una circunscripción, debe superar el 3% de votos válidos en la misma. Por tanto, podría suceder que un partido con más del 3% de los votos hechos a partidos concretos no llegue a dicho 3% al sumar al total los votos en blanco. Como veis, sólo tendrían el efecto (si es que lo han tenido alguna vez) de perjudicar a partidos muy minoritarios. Y, recalco, en absoluto de beneficiar al más votado.

Yendo más allá, diría que la posibilidad de no votar es igualmente un acto legítimo de protesta. Claro que esto encierra una trampa, y es el argumento que los partidos pueden sostener para explicarlo, echando balas fuera y afirmando sin pudor que un gran absentismo es una derrota para la democracia, eluyendo que en realidad no es la democracia la que pierde, sino el sistema de partidismo político. Y es que, en realidad, si la democracia va asociada supuestamente con la libertad, cualquier persona debería poder ser libre para disentir de algo, e incluso -¡qué osadía!- del mismo sistema democrático. Y si es así, se estaría ejerciendo el derecho de responsabilidad política tan ampliamente como cualquiera que vota, la responsabilidad de no participar en algo en lo que no se cree y, para seguir desmontando tópicos, se tendría el mismo derecho a seguir presentando queja ante la nueva situación surgida después de la votación. De hecho, no hay mayor queja que la de aquél que disiente de todo un sistema.

Y, por último, si se me permite ser humildemente utópico, me gustaría ver por mi parte a más sabios en la política y no tanta demagogia partidista, más consenso y no tanta disputa interesada. Claro que seguramente todavía no estamos preparados, y sistemas como éste, parecidos al propuesto por Platón en su República, requieren otros tiempos más sabios que los actuales. Y es que me parece esencial tener en cuenta que todo cambio social real empieza por el cambio personal, y que la política tiene una función peligrosa cuando se delega en ella la responsabilidad de llevar a cabo cambios esenciales en la sociedad. Si los individuos no mutan, la sociedad no puede hacerlo. Parece una idea de cajón, pero la historia es una continua muestra de intentos fallidos de constuir la casa empezando por el tejado de las ideas políticas.

Para acabar, y para contribuir a disipar malentendidos (a mí me ha ayudado), propongo a continuación un artículo que he encontrado relacionado con el tema:

Sobre el voto en blanco

Sencillas reflexiones para la acción

<<Hace poco se les preguntó, a varios políticos de los partidos en pugna electoral, su opinión respecto de la promoción del voto en blanco. No hace falta recordar en detalle lo que dijeron. Por lógica simple todos se dedicaron a hallarle faltas a la convocatoria y a sus convocantes. Por supuesto, ninguno iba a contrariar la estrategia electoral de su partido -la misma que sabemos consiste en la petición de votos a favor de sus candidatos-. Sin embargo, nos pareció irónico- si no un desperdicio- preguntarles a quienes no les conviene esa opción y no a aquéllos que no participan en uno u otro partido. Las respuestas habrían sido más sustanciosas y mejor lucubradas.

Lo cierto es que el voto en blanco es una opción saludablemente democrática. Un escape, una protesta decorosa dentro de un régimen electoral que no permite más. Quienes la promueven lo hacen con la misma libertad y derecho de aquéllos que piden el voto para un candidato en particular. Su porcentaje, sea cual fuere, no alterará ni en mínima porción el resultado de las elecciones, sin embargo podrá ser lo suficientemente significativo como para enviar un mensaje de disgusto. Entonces, es mera legulería, o falta de conocimiento, rechazar reaccionaria y tajantemente esta posibilidad. Quienes tienen su voto comprometido deben comprender que quien vote en blanco lo hará en la plena convicción de que no desperdicia su voto. Es más, lo hará así después de haber evaluado y analizado fríamente las ofertas electorales y concluido que ninguna de ellas llena sus expectativas de una mejor nación, pues otra vez se advierte su vacuidad y escasa seriedad.

Vayamos un poco más lejos dilucidando las razones de quien vota en blanco. Hasta esta fecha, ninguno de los cuatro candidatos que aspiran a la presidencia marchará contra corriente para revertir el daño social que la política económica neoliberal le hace al ciudadano, el mismo cuyo voto pretende acaparar. Hacerlo equivaldría a echarse la soga al cuello y enemistarse con los representantes de las instituciones financieras internacionales- llámense éstas Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo o Fondo Monetario Internacional-, que condicionan los préstamos monetarios a la aplicación de medidas neoliberales- apertura sin trabas del mercado interno, privatización de los servicios de telefonía, electricidad, agua, educación y salud, amén de otras cosas-. Ninguno de estos candidatos lo dice abiertamente, sin embargo sus planes o programas de gobierno, así como su tozudo cinismo al esquivar el tema, son claros indicios de su compromiso con estas agencias y los países desarrollados, promotores fervientes del neoliberalismo.

Las características del voto en blanco son muy simples y lo distinguen del voto nulo. Mientras que el primero es la expresión más clara, directa y simbólica de la insatisfacción que el votante siente ante la oferta electoral, el segundo- como protesta sañuda- pierde ese valor al ser considerado un error técnico producto del desconocimiento o la confusión de quien lo deposita. Tal vez si el porcentaje de votos nulos rebasase con creces al de las elecciones anteriores, sólo entonces podría considerársele voto protesta. Pero todo esto es un galimatías que refuerza la tesis del voto en blanco como la mejor alternativa de expresión de quienes aspiran a un verdadero compromiso con la nación de parte de quienes van a gobernarla.

La tarea inmediata es divulgar las bondades del voto en blanco para así despejar las dudas y las confusiones vertidas por sus detractores. Probablemente, de ello dependa la estrategia a seguir en torno a la constituyente. De hecho, ofrecerle a la gente de la calle el voto en blanco como alternativa a la fallida quinta papeleta, nos permitiría medir el porcentaje de insatisfechos con el establishment y canalizarlo- democráticamente- para la construcción de un movimiento social y político lo suficientemente fuerte como para retar la partidocracia e imponer el modelo de asamblea constituyente al que aspiramos. No es utopía, más bien una prioridad que demandará esfuerzo.
>>

Isabel Revollón S.

Escrito por Rubén
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Referencias (URL para referencias)


Comentarios

  1. Gracias de nuevo, Rubén, por ayudarnos a disipar una duda más. Personalmente desconocía las características del voto en blanco y, erróneamente, me había dejado llevar por la tendencia populista que dice que el voto en blanco tiende a favorecer al partido más votado. Un aplauso. ;)

    Juanan — 25-06-2006 23:16:50


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