Los kanji son ideogramas utilizados en algunas lenguas orientales. Un ideograma es un símbolo capaz de expresar por sí solo un concepto. El origen de los kanji se sitúa en China, si bien posteriormente se introdujeron en otros países como Japón, Vietnam o Corea, con diferentes adaptaciones en todos ellos. En el caso del japonés, que es el que conozco más de cerca, esta adaptación se hizo básicamente a nivel de pronunciación, combinándolos con otros sistemas propios de la lengua japonesa, los silabarios hiragana y katakana. Ésta es la razón por la que los chinos pueden intuir el significado de un texto escrito en japonés y viceversa, si bien la pronunciación es muy diferente.
Pues bien, prescindiendo de más detalles históricos, me he decidido a escribir esto después de observar detalles reveladores en algunas palabras japonesas escritas con kanji. La ventaja de los kanji, y a la vez su belleza, es que, cuando uno los estudia, no memoriza únicamente símbolos sin sentido, aunque me consta que hay mucha gente que así lo hace, convirtiendo la tarea en una auténtica pesadilla. Si, en cambio, utilizamos al hacerlo algún método basado en el significado de los pequeños componentes que los conforman y los relacionamos entre ellos al formar kanji más complejos, no sólo aprendemos muchísimo más rápido, sino que además podemos advertir detalles profundos de la cultura en cuestión, hecho que no suele suceder en las lenguas occidentales. Para ello, uno de los métodos más conocidos es el propuesto por James W. Heisig en el famoso libro Kanji para recordar.
Una de las palabras que me ha llamado la atención es 'crisis'. En japonés se combinan los kanji correspondientes a 'peligro' y 'oportunidad' para expresar esta palabra. Esta concepción de las crisis revela un aspecto cultural diferenciador entre Occidente y Oriente. En general, en Oriente una crisis no tiene una connotación tan negativa como la que aquí le atribuimos, sino que se ve más naturalmente como una oportunidad de crecimiento personal. Al fin y al cabo, aparentes peligros que perturban nuestra calma para hacernos reaccionar son muchas veces oportunidades para explorar nuevas posibilidades o para replantearnos determinados aspectos de nuestras vidas. Estando seguros y cómodos, es difícil que nada cambie. Es cuando el desafío perturba nuestro equilibrio interior que pueden salir a relucir nuevos recursos ocultos. Claro que ello depende de nuestra serenidad y entereza a la hora de afrontarlo, del saber apaciguar la angustia ante la posible pérdida y contemplar las posibilidades que se abren ante la nueva situación, haciendo caso al dicho popular –no por popular sino por sabio– que dice que no hay mal que por bien no venga, o mejor dicho, que no hay 'supuesto mal' que por bien no venga. En definitiva, que todo es para bien si sabemos cómo aprovecharlo. No en vano se dice que es en una crisis cuando afloran los verdaderos valores de una persona.

Crisis = Peligro + Oportunidad
Mario — 16-06-2006 17:40:50
Rubén — 05-07-2006 09:55:09