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:: Mutantes ::

El futuro de la humanidad

Archivado en General • Fecha: 03-12-2005 17:06:51

<<Uno se pregunta cuál es el futuro de la humanidad, el futuro de todos esos niños que vemos gritando, jugando, con sus rostros tan felices, dulces y hermosos –¿cuál es el futuro de ellos? El futuro es lo que somos ahora. Esto ha sido así históricamente por muchos miles de años –el vivir y el morir, y todo el tormento de nuestras existencias–. Parece que no prestamos mucha atención al futuro. Vemos en la televisión el interminable entretenimiento que se desarrolla desde la mañana hasta tarde en la noche excepto en uno o dos canales, pero las transmisiones de éstos son muy breves y no demasiado serias. Los niños se entretienen. Todos los comerciales alimentan la sensación de que con esto se nos distrae. Y ello ocurre prácticamente en todo el mundo. ¿Cuál es el futuro de estos niños? [...] ¿Adónde conduce todo esto?¿O acaso es algo que no nos interesa en absoluto? Probablemente no nos preocupa. Quizá ni hemos pensado al respecto, o, si lo hemos hecho, tal vez digamos que es demasiado complejo, demasiado alarmante, demasiado peligroso pensar en los años venideros –no en nuestra vejez particular sino en el destino (si se puede usar esta palabra), en el resultado de nuestro actual estilo de vida, lleno de toda clase de sentimientos y búsquedas románticas, emocionales, sentimentales, y con todo el mundo del entretenimiento golpeando contra nuestra mente–. Si de algún modo nos damos cuenta de todo esto, ¿cuál es el futuro de la humanidad?[...]

[...]Probablemente el amor ha desaparecido por completo de este mundo. El amor implica generosidad, afecto, no lastimar a otro, no hacer que se sienta culpable; implica ser corteses y comportarnos de tal manera que nuestras palabras y pensamientos nazcan de la compasión. Desde luego que uno no puede ser compasivo si pertenece a instituciones religiosas –grandes, poderosas, tradicionales y dogmáticas instituciones que insisten en la fe–. Para amar, tiene que haber libertad. Ese amor no es placer ni deseo ni un recuerdo de cosas que han pasado. El amor es lo opuesto del odio, de la ira y los celos.

Todo esto puede sonar más bien utópico, idealista, algo a lo que el hombre sólo puede aspirar. Pero si creemos eso, entonces seguiremos matando. El amor es tan real, tan poderoso como la muerte. No tiene nada que ver con la imaginación o el sentimiento o el romanticismo; y naturalmente, no tiene nada que ver con el poder, la posición, el prestigio. Es tan apacible como las aguas corrientes de un caudaloso río que fluye perpetuamente, sin principio ni fin. Pero el hombre que mata los cachorros de focas, o las grandes ballenas, sólo se interesa en su propia subsistencia. Él dirá:
<<Yo vivo de eso, ése es mi negocio>>. No le interesa en absoluto esa cosa que llamamos amor. Probablemente ama a su familia –o cree que ama a su familia– y no le preocupa mayormente el modo en que se gana su subsistencia. Tal vez ésa sea una de las razones por las que el hombre vive una vida fragmentaria; parece que jamás puede amar lo que hace –aunque tal vez unas pocas personas lo hagan-. Si uno viviera del trabajo que ama, sería muy diferente –uno comprendería la totalidad de la vida–. Hemos vivido la vida en fragmentos: el mundo de los negocios, el mundo artístico, el mundo científico, el mundo político y el mundo religioso. Al parecer, pensamos que están todos separados y que deben mantenerse separados. Y así nos volvemos hipócritas, haciendo algo feo, corrupto en el mundo de los negocios y luego llegando a casa para vivir apaciblemente con nuestra familia; esto engendra hipocresía, un doble patrón de vida.

Ésta es una tierra realmente maravillosa [...] Si uno piensa siquiera algo en el mundo psicológico, ve que está lleno de dolor. Y uno se pregunta si el hombre cambiará alguna vez o si lo harán unos pocos, muy, muy pocos. ¿Cuál es, entonces, la relación de los pocos con los muchos? O, ¿cuál es la relación de los muchos con los pocos? Los muchos no tienen relación alguna con los pocos. Los pocos sí tienen una relación.

Sentado en esa roca con un lagarto al lado, mientras uno mira hacia abajo en el valle, no se atreve ni a moverse para no perturbar o asustar al lagarto. Y éste también está observando. Y el mundo continúa inventando dioses, siguiendo las jerarquías de los que representan a los dioses, y toda la farsa y la vergüenza de las ilusiones probablemente proseguirá, y los miles de problemas se volverán más y más complejos e intrincados. Sólo la inteligencia del amor y de la compasión puede resolver todos los problemas de la vida. Esa inteligencia es el único instrumento que jamás puede embotarse o inutilizarse.
>>

Fragmentos de Diario II, de Jiddu Krishnamurti (1895-1986)



Cuando Krishnamurti habla de inteligencia, no se refiere al conocimiento, al ingenio o a la astucia, aspectos que como repitió insistentemente son los que hemos cultivado mayormente a lo largo de la historia, y en parte los que nos han conducido a este oscuro y violento estado, sino a una cualidad que surge de la libertad, del contemplar las cosas sin miedo y sin los prejuicios de lo conocido, que corresponden en definitiva al pasado. Esta clase de inteligencia es la que él relaciona con el amor y la compasión, y la que en definitiva intentó contagiar a lo largo de su vida, llegando a afirmar lo siguiente: "sólo tengo un propósito: hacer al hombre libre, incitarle hacia la libertad, ayudarle a escapar de todas sus limitaciones". Y para ello invitaba siempre a que cada uno rechazara toda autoridad externa –incluida la suya– e investigara por su cuenta, apelando a que cada uno debía ser su propio maestro.





Jiddu Krishnamurti

Escrito por Rubén
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Comentarios

  1. Muy buen texto y mejor comentario explicativo. Como siempre, Rubén, un maestro para mí. Permíteme, de todas maneras, explicarte mi pensamiento, complementario al tuyo, acerca de esta inteligencia del amor.
    Yo entendí más bien que dicha inteligencia del amor (misericordia o compasión) venía expuesta en un sentido de amor REAL, es decir, el amor, como concepto es real en sí mismo, pero más aún, es un amor con vida propia, capaz de pensar y actuar, una inteligencia del amor con significado independiente. Entendí, de sus palabras, que sólo teníamos que mirarlo de frente para hacernos amigo suyo (del amor) o, más aún, hacernos uno con él, el único... lo único que (me uno a ti) nos hará libres... y, por tanto, ser, de esta manera, inteligentes. Eso entendí que era la inteligencia del amor. Hasta la próxima. Un fuerte abrazo.

    Juanan — 08-12-2005 00:16:53


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