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El peso de la tradición

Archivado en General • Fecha: 10-10-2005 10:01:23

«No creáis en nada simplemente porque lo diga la tradición, ni siquiera aunque muchas generaciones de personas nacidas en muchos lugares hayan creído en ello durante muchos siglos. No creáis en nada por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan que lo creen. No creáis en nada sólo porque así lo hayan creído los sabios en otras épocas. No creáis en lo que vuestra propia imaginación os propone cayendo en la trampa de pensar que Dios os inspira. No creáis en lo que dicen las Sagradas Escrituras sólo porque ellas lo digan. No creáis a los sacerdotes ni a ningún otro ser humano. Creed únicamente en lo que vosotros mismos habéis experimentado, verificado y aceptado después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia».

Siddharta Gautama, El Buda


Y con ello no creo que debamos referirnos sólo a las consideradas creencias "elevadas", como pueden ser una irracional creencia en Dios u otras realidades no aparentes o una insensata negación de su existencia, sino a toda la tradición que nos condiciona y que arrastramos con ciega aceptación. Y me parece evidente que ha servido de muy poco dada la horrible situación actual de un mundo que se está yendo a pique, y que seguramente lo hará si no hay un cambio radical de dirección. Un mundo que creamos entre todos y del que todos somos responsables.

Se me ocurren ahora mismo varias de estas creencias que no nos cuestionamos o almenos no lo suficiente como para darnos cuenta de su sinsentido, como por ejemplo que el sistema de democracia capitalista en el que vivimos es bueno, que después de tantas evidencias aún confiemos en que un cambio de partido o de régimen político provocará un cambio esencial en la conducta humana, que el aferrarse a ideas de cualquier índole sea algo encomiable, que no sea este aferramiento idealista el motivo de la división, conflicto y confrontación en que vivimos, que estamos mejor ahora que hace dos mil años, que el desarrollo tecnológico y económico es lo más importante y debe seguir siéndolo, que las banderas, patriotismos, fronteras y demás sirven para algo y no son causa principal de división, aislamiento, conflictos y guerras, que estas guerras pueden ser útiles, que la competencia y la envidia pueden ser sanas, que las religiones organizadas no son motivo importante de conflicto y guerra con sus dogmas, supersticiones y rituales que generan división, que lo más importante en la vida es triunfar a ojos de la opinión pública, que el que hace lo que le gusta con genuino amor sin ánimos de competir con nadie por nada es un fracasado, que hay que educar a los niños en la actitud de la competencia en lugar de la colaboración desinteresada, que hay que trepar en la vida, que la felicidad está en el tener y no en el ser, que no nos estamos cargando el planeta...

Cuestiones, todas ellas y muchas más que, incluyéndome, creo que no hemos considerado lo suficiente. Eso sí, hacerlo requiere valentía, seguramente debido a que estamos educados en el miedo, miedo que nos hace recurrir a creencias que no cuestionamos seriamente pero que nos otorgan seguridad. Hacerlo es encontrarnos en muchos casos solos y desvalidos ante una sociedad que parece amenazarnos ante la disidencia. Pero quizás si lo hiciéramos y viéramos su sinsentido las abandonaríamos radicalmente. En ese sentido, esto también tiene un carácter de motivación autoterapéutica.

Escrito por Rubén
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