El siguiente artículo está extraído de Yoga, aprender por el cuerpo, un blog dedicado al estudio y la difusión del yoga, la meditación y la medicina oriental, cuya autora es Adriana Paoletta, a quien quiero agradecer desde aquí por su gran labor de divulgación sobre estos temas:
El dolor de espalda puede ser el síntoma de tensiones musculares, debido a malas posturas, tensiones psicológicas que afectan la elasticidad muscular y los circuitos de dolor, patologías de los discos intervertebrales (hernias discales) o procesos degenerativos sobre los cuerpos vertebrales (artrosis, artritis, espondilolistesis...).
Como terapéuta corporal, puedo operar sobre el síntoma (dolor de espalda) mediante diversas técnicas para aliviar el dolor, como:
1- Elongación selectiva de los grupos musculares, implicados en el síntoma de dolor de espalda.
2- Masaje de los tejidos musculares profundos, que se ven afectados en su tono (hiper o hipotonía) por sobrecargas deportivas, malos hábitos posturales o enfermedades crónicas que afectan el normal desempeño de la persona en su vida diaria.
3- Shiatzu acompañado de acupuntura, produce un rápido efecto desinflamatorio y analgésico de la zona de dolor.
4- Mejora de la respiración para una correcta oxigenación muscular, que redunda en la disminución del dolor de espalda.
5- Técnicas de relajación y visualizaciones creativas, que reprograman a la mente en su actitud frente al dolor.
Pero el gran desafío radica en la prevención del dolor de espalda, ya sea para prevenir un nuevo ataque de dolor o para mejorar el estado de nuestra columna vertebral y la musculatura de la espalda, que redundará en bajar el riesgo de lesiones discales, compresión nerviosa y artrosis prematura.
Para la medicina oriental (Yoga, medicina China y japonesa, medicina ayurvédica), la columna vertebral es el eje de la vida. El yoga sitúa 7 centros de energía o chakras ubicados a lo largo de la columna vertebral. El dolor de espalda es la manifestación más grosera de los desequilibrios energéticos en los centros de energía.
El dolor lumbar (dolor en la región sacroilíaca y vértebras lumbares) manifiesta el desequilibrio del primer y segundo chackra que se corresponden con problemas relacionados con el manejo del dinero, el desempeño laboral, la vida en un grupo social y familiar, la lucha por la supervivencia (chackra raíz) y el segundo, con la vida de relación, los vínculos, la pasión, la sexualidad y la creatividad (chackra sexual).
El dolor dorsal (dolor en la región de las vértebras dorsales, espalda media y alta) nos habla del desequilibrio en el tercer chackra (plexo solar) relacionado con la voluntad de poder, autoestima, seguridad personal y manejo de las emociones. El cuarto chackra (centro cardíaco) se vincula con la expresión de los sentimientos amorosos, la compasión, la empatía, la solidaridad y el amor a uno mismo celebrado en la búsqueda del alma.
El dolor cervical (dolor en las vértebras cervicales y base del occipital) manifiesta el desequilibrio en la expresión de la persona a través de las palabras, no alcanza a transmitir aquello que siente o piensa en forma armónica, para entablar un verdadero diálogo con el mundo y consigo mismo, ausencia de creatividad para encontrar fórmulas de negociación (quinto chackra, centro laríngeo).
Encontrar la causa del dolor de espalda es nuestra verdadera búsqueda. Es absolutamente necesario que un terapéuta corporal solicite estudios radiológicos o resonancias magnéticas con diagnóstico médico, para poder actuar con eficacia sobre el tratamiento del dolor y generar un feedback entre el médico y el terapéuta corporal. La medicina de oriente y occidente deben integrarse, en beneficio de la salud integral de la persona.

La transformación y la mutación son dos cosas totalmente distintas. Aunque la mutación viene acompañada de transformaciones, en realidad lo material -incluyendo al pensamiento- está siempre transformándose, sin que eso signifique que esté mutando. Esta continua transformación sigue un patrón determinado que va repitiéndose continuamente de forma cíclica -como se refleja a gran escala en las estaciones o en el movimiento de los planetas-, siguiendo una inercia que no altera substancialmente su curso a no ser que se produzca alguna mutación.
De forma análoga, el cerebro humano ha estado funcionando dentro de un mismo patrón o corriente durante milenios, con exepción de unos pocos individuos que se han salido. La mutación es precisamente este "salirse de la corriente". A diferencia de la transformación, la mutación, aunque tiene un impacto fundamental en el flujo temporal, es instantánea.
Una manera de verlo sería comparar el cerebro con un cuarto oscuro. Si ha estado siempre a oscuras, no puede concebir estar iluminado. Ha ido siguiendo un patrón repetitivo que lo ha ido atrofiando, volviéndolo opaco a la luz. La única manera de salirse de él es empezar a subir persianas. No es que tenga que ir en busca de la luz, entre otras cosas porque no puede buscar algo que no conoce. Sólo necesita subir persianas para que empiece a entrar porque, en realidad, la luz ya lo ha estado intentando de todas las maneras posibles, incluso por los pocos resquicios que ha encontrado. Esta luz va llegando a ráfagas con cada persiana subida. No obstante, cada una de estas ráfagas es instantánea. Es como encender un interruptor. El cuarto pasa a estar iluminado de manera instantánea cada vez que se sube una persiana, revelándose una parte de él que hasta ese momento permanecía oculta. Y el hecho de poder verla también es instantáneo. Aunque observar bien una parte del cuarto nos lleve un buen rato, el salto realmente cualitativo es la entrada de la luz y no requiere tiempo. Luego, a medida que vayamos viendo el cuarto, lo transformaremos y pondremos orden, porque veremos cosas que necesitan cambiar. Esta transformación tiene sentido gracias a la mutación que supone la entrada de luz, y sí que requiere tiempo. La mutación en el cerebro sigue un proceso análogo.
En Oriente, está muy extendida la idea de la reencarnación como una forma de continuidad. Y aunque en el fondo exista la promesa de salirse de la rueda para no volver a encarnar, la idea que se tiene es que eso llegará después de una larga transformación. En realidad, la reencarnación se produce dentro de un ciclo de transformaciones que van repitiéndose y en el que nada realmente nuevo puede ocurrir si no hay alguna mutación. La mutación se corresponde en realidad con hechos como la iluminación o la resurrección, en los que sí que nace algo totalmente nuevo de manera instantánea. A pesar de ello, la mente se aferra a estas ideas esperando continuidad, y dentro de esta esperanza la mutación no puede tener cabida. La continuidad impide totalmente la mutación, porque algo que continúa, aunque se transforme, no puede dar lugar a nada realmente nuevo. Por eso, la auténtica mutación no llega cuando se espera por ella, pues la misma espera es una forma de continuidad que niega cualquier posibilidad de mutación. Es algo que sólo puede ocurrir a cada instante, de forma imprevista. Esto es lo que significa "morir en vida" o "nacer por segunda vez".
Fuente: http://dieta-evolutiva.blogspot.com
Artículo original de Michael Bluejay
Una buena ojeada a los hechos demuestra que los humanos estamos optimizados para comer exclusivamente alimentos vegetales y no carne. Consideremos:
Claramente somos capaces de comer carne. Pero esto no quiere decir que sea natural. Se puede vestir a un asno con un vestidito mono y enseñarle cómo hacer trucos de circo, pero que simplemente pueda no quiere decir que sea natural ni que lo tenga que hacer. Cuando digo que comer carne no es natural, simplemente quiero decir que nuestros cuerpos no están optimizados para que sea una parte normal de nuestras dietas, y sufrimos las consecuencias cuando hacemos que lo sea.
El lector carnívoro ya tiene media docena de objeciones a todo esto antes de leer el resto del artículo, y trataré todas estas objeciones específicamente, pero primero dejadme tratarlas en general: uno de los rasgos de la naturaleza humana es querer sentir que lo que estamos haciendo es correcto, adecuado y lógico. Cuando nos encaramos con algo que sugiere que nuestras prácticas corrientes no son las mejores, nos resulta incómodo. Podemos considerar que nuestras opciones pueden no haber sido las mejores, hecho que resulta extremadamente perturbador, o podemos rechazar esta premisa sin considerarla verdaderamente, de manera que no nos tengamos que sentir mal sobre nuestras acciones. Éste es el enfoque más cómodo. Y lo hacemos buscando cualquier argumento con el que podamos explicar que es una objeción equivocada, con tal de justificar nuestro comportamiento.
Pensadlo durante un momento: nuestro sentimiento de que nuestras acciones corrientes son correctas no está basado en nuestros argumentos. Más bien, nuestras acciones vienen primero y después salimos con los argumentos para intentar justificar estas acciones. Si fuéramos verdaderamente lógicos, consideraríamos las pruebas primero y después decidiríamos la mejor manera de actuar. Pero a menudo lo hacemos al revés porque es demasiado difícil aceptar que quizá estamos equivocados.
Esto es particularmente cierto cuando hablamos del vegetarianismo. Es bastante fácil de identificar por qué los argumentos antivegetarianos normalmente son pobres y extremos, comparados con otro tipo de discursos. Una persona que nunca sugeriría una cosa tan fantástica como que las plantas piensan y sienten dolor, de repente sacará un argumento como éste cuando sienta que su costumbre de comer carne está siendo cuestionada. Es la naturaleza humana.
Unos años antes, yo me encontraba en la misma posición en que probablemente vosotros estáis ahora. Mis hábitos fueron desafiados por un libro que me encontré titulado Hacerse vegetariano. Yo no quería considerarlo seriamente porque quería continuar comiendo carne. Había crecido comiendo y me gustaba. Y había otra razón: había crecido en una pequeña comunidad granjera que criaba y mataba pollos. Aceptar la premisa del libro realmente quería decir que tenía que admitir que quizá no había escogido la mejor opción. Por eso salí con varios argumentos pobres para justificar mi comportamiento. Pero en el fondo sabía que me estaba engañando y que estaba practicando una forma de cobardía intelectual. Cuando consideré los argumentos honestamente, paré de comer animales. De esto ya hace 20 años y ha sido sin duda la mejor decisión que he tomado nunca.
Entonces os desafío: parad de imaginaros motivos por los cuales yo “tengo que estar” equivocado antes de molestaros a leer el resto de este artículo. Leedlo y consideradlo de verdad en vez de intentar encontrar formas de desaprobarlo sin pensar. Ciertamente, podéis continuar sin estar de acuerdo después de haber considerado las pruebas, pero no antes.
La mayoría de lectores carnívoros seguramente sentirán la necesidad de intentar vencerme, al menos dentro de su mente; por lo tanto, consideremos lo que esto comporta: dar más pruebas y mejores para tu posición. No se gana la discusión aportando una sola idea, como parece que creen la mayoría de los lectores que me escriben. Las pruebas a favor de una dieta vegetal para los humanos son claras, convincentes y contundentes. Hay algunas pruebas para el otro bando, evidentemente, pero no son ni mucho menos tan convincentes. Lo que quiero decir es que, si hay 30 puntos fuertes a favor, y salís con uno o dos en contra, ¿cuál es la mejor posición? Lo menciono porque la gente que me escribe sobre este artículo parece que crea que quien da menos puntos ha presentado el caso más convincente. De alguna forma, parece que creen que todas las pruebas que presento se volatilizan cuando ellos dan su argumento solitario, como por ejemplo que los humanos tenemos dientes caninos. Por favor, no caigáis en esta trampa.
De una forma gráfica, funciona así:
Pruebas de que los humanos somos herbívoros naturales | Pruebas de que los humanos no somos herbívoros |
Muchos creen que utilizar la minoría de pruebas de la parte roja hace que su posición sea indiscutible. Pero no es así. La única forma de hacer la posición indiscutible es hacer la parte más grande. Mucho más grande.
La gente enfadada que me escribe siempre insiste: “Pero los humanos siempre hemos comido carne!”. No se me ocurre un mejor ejemplo de un caso en que la gente piensa que una cosa es cierta simplemente porque da por supuesto que lo es. Todos crecimos pensando que nuestros antepasados eran carnívoros, pero ¿de dónde hemos sacado esta idea? ¿Es cierto simplemente porque es parte de nuestra conciencia colectiva? Y lo más importante: ¿Qué dicen las pruebas al respecto?
John A. McDougall, doctor en medicina, quizá el experto con más conocimiento sobre la relación entre dieta y enfermedades, asegura que nuestros antepasados primitivos, de hace como mínimo cuatro millones de años, seguían dietas casi exclusivamente vegetales. Muchos otros científicos creen que los humanos primitivos eran mayormente vegetarianos. (Ved los artículos de Grande & Leckie y Derek Wall.) Esto es importante porque, mientras que los pueblos prehistóricos cazaban animales, éste es un desarrollo relativamente reciente dentro del largo período de la existencia humana. Ciertamente, no es tiempo suficiente como para que nos hayamos adaptado mediante la evolución. Aquí hay una prueba: los maasai de Kenya, que todavía tienen una dieta alta en carne de caza, tienen la peor esperanza de vida del mundo. (Fuhrman)
Hay otro hecho importante nunca reconocido por los defensores de la carne: los humanos actuamos más por ideas que por instinto. Los otros animales están programados para saber qué es la comida. Nosotros no. Para nosotros, es un comportamiento aprendido. O, en otros casos, comportamiento supuesto. Podemos escoger qué queremos comer aunque sea contrario a la buena salud, tal como millones de personas están demostrando cada día cuando comen en el McDonald's. Si nuestros antepasados comían carne, simplemente estaban siendo humanos y escogiendo más que actuando por instinto. Pensadlo: ¿Realmente creéis que los hombres de las cavernas eran verdaderos expertos en nutrición? Si es así, ¿qué otras decisiones importantes sobre vuestra vida pondríais en manos de un hombre de las cavernas?

No hay duda de que los humanos somos capaces de digerir carne. Pero el simple hecho de que podamos digerir animales no quiere decir que lo tengamos que hacer, o que sea bueno para nosotros. Podemos digerir cartón, pero esto no quiere decir que lo tengamos que hacer.
Si las pruebas demuestran que nuestra anatomía favorece la digestión de comidas vegetales y tenemos más salud cuando ingerimos menos comidas animales, ¿qué hacemos con el hecho de que somos capaces de comer animales? Es sencillo: tenemos la habilidad de comer una amplia variedad de comidas como mecanismo de supervivencia. El hecho de que podamos comer casi de todo, incluyendo la carne, es muy práctico desde el punto de vista biológico. Pero que seamos capaces no quiere decir que estemos diseñados para hacerlo. La prueba de esto es que nuestra biología es similar a la de los otros herbívoros, y, cuantos más alimentos animales incorporamos a nuestras dietas, más lo sufre nuestra salud. De hecho, es bastante engañoso afirmar que los humanos somos carnívoros por naturaleza teniendo en cuenta lo mal que nos va cuando lo somos.
McDougall cuenta cómo la habilidad de digerir comidas animales no hirió nuestra supervivencia como raza, aunque nos lo hace pagar con la duración de nuestra vida:
"Indudablemente, todas estas dietas [que contienen carne] fueron adecuadas para mantener el crecimiento y la vida en una época de reproducción exitosa. Para tener y criar descendencia, sólo es necesario que vivas de 20 a 30 años y, casualmente, la esperanza de vida media de esta gente era precisamente esta. Las pocas poblaciones de cazadores-recolectores que han sobrevivido hasta el siglo XXI están confinadas a las regiones más remotas de nuestro planeta, como el Ártico y las selvas de América del Sur y de África, unos de los lugares más desafiantes para sobrevivir. Su esperanza de vida también se limita de 25 a 30 años y la mortalidad infantil es del 40% al 50%. Las sociedades de cazadores-recolectores afortunadamente sobrevivieron, pero, considerando su ardua lucha y la corta duración de su vida, yo no las situaría entre las sociedades más exitosas.”
Finalmente, nuestra fisiología es mucho más similar a la de los otros herbívoros que a la de los verdaderos omnívoros, como veremos a continuación.
Nuestros parientes más cercanos son los primates. Ellos nos dan pistas sobre nuestra dieta ideal porque nuestra anatomía es muy similar a la suya. Muy pocos de ellos comen una cantidad significativa de animales; y los que lo hacen normalmente lo que comen son insectos y no vacas, cerdos o pollos. Jane Goodall, famosa por su extenso estudio sobre los simios mientras vivía con ellos, descubrió que era muy extraño que los primates que observaba comieran otros animales. Los críticos se aferran al hecho de que Goodall descubrió que los primates ocasionalmente comen carne. Pero aquí la palabra clave es ocasionalmente. Si comiéramos carne de forma tan infrecuente como los otros primates, tendríamos una salud mucho mejor. A la misma Goodall aparentemente no le impresionó que los primates comieran carne ocasionalmente: Jane Goodall es vegetariana.
¿Cómo es de insignificante el consumo de animales de los otros primates? Este artículo de Harvard sobre los hábitos alimentarios de los primates contiene un gráfico de barras de todas las cosas que comen los chimpancés y los monos (Figura 3), y la carne ni siquiera se encuentra. Lo que hacen es comer fruta, semillas, hojas, flores y médula. Hay una categoría llamada "Miscelánea", que para la mayoría de especies sube a menos del 5% de la dieta, y para los chimpancés y los monos de cola roja a menos del 1%. El Zoo de Honolulu da una figura ligeramente más alta, diciendo que el consumo no vegetal es el 5% de la dieta de un chimpancé, pero esto incluye su alimento no vegetal principal: las termitas. En cualquier caso, su dieta es de al menos un 95% vegetal.
Este hecho saca a la luz otro punto: la gente que me grita histéricamente que los chimpancés son omnívoros, aparte de ignorar que el consumo de carne de los chimpancés es tan pequeño que es virtualmente inexistente, nunca reconocen que los alimentos no vegetales que comen estos animales no son los mismos que comen los humanos.. Los chimpancés no comen animales de ganado y pollos. Y los humanos no comemos termitas. La idea de que la dieta americana, cargada de carne, se puede justificar por el hecho de que los chimpancés puedan comer un 5% de alimentos no vegetales, que no incluye animales de ganado o pollos y se compone básicamente de termitas, es bastante estúpida.
Utilicemos la figura del artículo de Harvard en referencia a los chimpancés y redondeémosla a un generoso 1%. Si fuera carne de buey –que no lo es- ¿cuánta carne de buey sería? Aproximadamente 1/3 de una onza, o 1/50 de una libra. Esto es aproximadamente 1/7 de una zanahoria media. Sí, aquí tenéis el "omnivorismo" demoledor de los chimpancés.
Considerad también que, aunque los primates coman carne escasamente, puede ser que también sea porque son inteligentes y, como los humanos, son capaces de escoger, de actuar fuera del instinto. Como otros autores lo han expresado, "Mientras que se sabe que los chimpancés matan, este comportamiento no es necesariamente dietético sino ritualista."
Eugene Khutoryansky, que cree que comer carne es natural, advierte igualmente que las implicaciones de esto tendrían que darnos que pensar:
Comer carne es ciertamente natural en el sentido de que hay otros animales que también lo hacen. De hecho, a veces lo hacen hasta nuestros parientes vivos más próximos, los chimpancés. Sin embargo, hay muchas otras cosas que también son naturales. Por ejemplo, los chimpancés machos a veces violan a las hembras de su tribu. Los chimpancés machos a veces hacen la guerra organizada contra otras tribus contra las cuales compiten por el territorio. Un chimpancé macho, en un momento de rabia, a veces coge a un bebé próximo y le aplasta el cráneo contra una roca. Y los chimpancés alguna vez comen carne, y alguna vez practican el canibalismo, aunque haya comida abundante de otras fuentes.
Por lo tanto, comer carne ciertamente es absolutamente natural. Sin embargo, el hecho de que sea natural no implica que sea éticamente permisible. Si creyéramos que comer carne es éticamente permisible simplemente porque hay otros animales que también lo hacen, esto implicaría que no es incorrecto violar, practicar el canibalismo o el infanticidio, hechos que ocurren de manera rutinaria en el reino animal.
A los verdaderos carnívoros les entusiasma la idea de comerse los animales de presa enteros cuando los ven. A los humanos no. Nos interesa comer las partes del cuerpo sólo porque han sido separadas del animal original y procesadas, y porque hemos crecido comiéndolas, hecho que lo hace parecer perfectamente normal. Es sorprendente. Es sorprendente cuánta desconexión hemos sido capaces de aprender sobre la diferencia entre los animales y la comida. Tal como GoVeg lo explica:
Mientras que a los carnívoros les gusta matar animales y comer su carne cruda, cualquier humano que matara un animal con sus manos y se comiera su cuerpo crudo sería considerado un trastornado. A los animales carnívoros les excita el olor de sangre y la emoción de la caza. A la mayoría de los humanos, por otro lado, les repugna la visión de carne cruda y no pueden tolerar oír los gritos de los animales cuando los están destripando y matando. La sangrante realidad de comer animales es innatamente repulsiva para nosotros, más constatación de que no estamos hechos para comer carne.
Pregúntate: cuando ves animales muertos al lado de la carretera, ¿estás tentado de parar e ir a tomar un bocado? ¿Te hace salivar la visión de un pájaro muerto? ¿Sueñas despierto que matas vacas con tus manos y te las comes crudas? Si has contestado "no" a todas estas preguntas, ¡felicidades! Eres un herbívoro humano normal, te guste o no. Los humanos sencillamente no fuimos hechos para comer carne. Los humanos no tenemos ni las características físicas de los carnívoros ni el instinto que los conduce a matar animales y devorar sus restos crudos.
La fisiología humana es sorprendentemente similar a la de los otros herbívoros y considerablemente diferente a la de los carnívoros. Es revelador que, en ninguna de las horribles misivas que han enviado los lectores para discutir conmigo, nunca niegan los datos de la tabla siguiente. Sencillamente piensan que el hecho de exponer algún otro punto (por ejemplo, que los humanos tenemos dientes caninos) de alguna forma elimina los datos más convincentes de la tabla.
La tabla siguiente está extraída de un libro mencionado al final:
Carnívoros Los animales carnívoros, incluyendo el león, el perro, el lobo, el gato, etc., tienen muchas características únicas que los alejan de todos los otros miembros del reino animal. Todos ellos tienen un sistema digestivo muy simple y corto –sólo tres veces la longitud de sus cuerpos. Esto es porque la carne se descompone muy rápidamente, y los productos de esta descomposición envenenan con rapidez la corriente sanguínea si se quedan demasiado tiempo dentro del cuerpo. Por esto se desarrolló un tracto digestivo corto, para permitir la expulsión de las bacterias putrefactivas de la carne en descomposición, y estómagos con diez veces el ácido clorhídrico de los animales no carnívoros (para digerir tejido fibroso y huesos). Los animales carnívoros que cazan en el fresco de la noche y duermen durante el día cuando hace calor no necesitan glándulas sudoríparas para enfriar sus cuerpos; por lo tanto, no transpiran a través de la piel sino con la lengua. Por otro lado, los animales vegetarianos, como la vaca, el caballo, la cebra, el ciervo, etc., pasan mucho tiempo al sol recogiendo la comida y transpiran libremente a través de la piel para enfriar el cuerpo. Pero la diferencia más significativa entre los carnívoros naturales y los otros animales son sus dientes. Junto con las garras afiladas, todos los carnívoros, debido a que tienen que matar principalmente con los dientes, tienen unas mandíbulas fuertes y unos dientes caninos alargados y puntiagudos para perforar piel dura, clavarse y lacerar carne. No tienen muelas (dientes planos de atrás), que los animales vegetarianos necesitan para triturar la comida. Contrariamente a los cereales, la carne no se tiene que masticar en la boca para predigerirla; se digiere principalmente en el estómago y los intestinos. Un gato, por ejemplo, prácticamente no puede masticar. Herbívoros Los animales que comen hierba y hojas (el elefante, la vaca, la oveja, la llama, etc.) viven de la hierba y otras plantas, muchas de las cuales son gruesas y voluminosas. La digestión de este tipo de comida empieza en la boca con la enzima ptialina en la saliva. Estas comidas se tienen que masticar bien y se tienen que mezclar meticulosamente con la ptialina para triturarlas bien. Por este motivo, los animales que comen hierba y hojas tienen 24 dientes “molares” especiales y un ligero movimiento de un lado a otro para triturar la comida, en contraposición al movimiento exclusivo de arriba abajo de los carnívoros. No tienen garras ni dientes afilados; beben sorbiendo el agua, en contraposición a los carnívoros, que lo hacen lamiéndola. Puesto que no comen alimentos que se descomponen rápidamente como los carnívoros, y puesto que sus alimentos pueden estar más tiempo circulando por el cuerpo, tienen unos sistemas digestivos mucho más largos –intestinos de diez veces la longitud del cuerpo. Curiosamente, unos estudios recientes han demostrado que una dieta carnívora tiene efectos extremamente perjudiciales para estos comedores de hierba y hojas. El Dr. William Collins, científico del Centro Médico Maimonedes de Nueva York, descubrió que los animales carnívoros tienen una “capacidad casi ilimitada de asimilar grasas saturadas y colesterol”. Si se añade diariamente media libra de grasa animal a la dieta de un conejo durante un período de tiempo largo, al cabo de dos meses sus vasos sanguíneos quedan cubiertos de grasa y se desarrolla la grave enfermedad llamada arteriosclerosis. El sistema digestivo humano, como el del conejo, tampoco está diseñado para digerir carne, y cuanta más comemos, más enfermos nos ponemos, tal como veremos más tarde. Los comedores de fruta incluyen principalmente los simios antropoides, los antepasados animales inmediatos de la humanidad. La dieta de estos simios consiste principalmente en fruta y frutos secos. Su piel tiene millones de poros para sudar y también tienen molares para triturar y masticar la comida; tienen la saliva alcalina y, como en el caso de los comedores de hierba y hojas, contiene ptialina para la predigestión. Tienen los intestinos extremamente enrevesados y de doce veces la longitud de su cuerpo, para la digestión lenta de fruta y verdura. Seres humanos Las características de los humanos son desde todos los puntos de vista como las de los comedores de fruta, muy similares a las de los comedores de hierba y muy diferentes a las de los carnívoros, tal como se demuestra claramente en la tabla de arriba. El sistema digestivo humano, la estructura de dientes y mandíbulas y las funciones corporales son completamente diferentes a los de los animales carnívoros. Como en el caso del simio antropoide, el sistema digestivo humano tiene doce veces la longitud del cuerpo; nuestra piel tiene millones de poros minúsculos para evaporar agua y enfriar el cuerpo con el sudor; bebemos agua por succión como todos los otros animales vegetarianos; la estructura de nuestros dientes y mandíbulas es vegetariana; y nuestra saliva es alcalina y contiene ptialina para la predigestión de cereales. Claramente, los seres humanos no somos carnívoros por fisiología –nuestra anatomía y nuestro sistema digestivo demuestran que tenemos que haber evolucionado durante millones de años viviendo de fruta, frutos secos, cereales y verdura. Además, es obvio que nuestros instintos naturales no son carnívoros. La mayoría de personas dejan que otras personas les maten la carne y les repugnaría tener que hacerlo ellos mismos. En vez de comer carne cruda como hacen todos los animales carnívoros, los humanos hierven la carne, la cuecen o la fríen y la disfrazan con todo tipo de salsas y especias para que no se parezca nada a su estado crudo. Un científico lo explica de esta forma: “Un gato salivará con deseo hambriento con el olor de un trozo de carne cruda, pero no lo hará de ninguna manera con el olor de fruta. Si el hombre se pudiera deleitar con el hecho de tirarse sobre un pájaro, arrancar sus miembros todavía vivos con los dientes y chupar su sangre caliente, se podría llegar a la conclusión que la naturaleza lo ha dotado de un instinto carnívoro. Por otro lado, un racimo de exquisitas uvas le hace la boca agua, e incluso sin tener hambre comerá fruta porque es tan sabrosa.” Los científicos y los naturalistas, incluido el gran Charles Darwin, padre de la teoría de la evolución, están de acuerdo que los primeros humanos eran comedores de fruta y verdura y que durante la historia nuestra anatomía no ha cambiado. El gran científico sueco von Linné afirma: “La estructura externa e interna del hombre, comparada con la de los otros animales, evidencia que la fruta y la verdura suculenta constituyen su alimento natural.” Por lo tanto, es bien claro a partir de los estudios científicos que fisiológicamente, anatómicamente e instintivamente el hombre es perfectamente apto para una dieta con fruta, verdura, frutos secos y cereales. Esto se encuentra resumido en la tabla de arriba. de What's Wrong with Eating Meat, |
Tal como dijo otro autor, “El cuerpo humano no fue diseñado para apresar o comer animales. No tienes garras. Tus dientes no desgarran la carne. Tu boca no puede herir seriamente ni está hecha para dar un buen mordisco a una víctima luchadora como pueden hacer los carnívoros. No eres apto para correr rápido y atrapar presas. Los carnívoros tienen los reflejos lo bastante rápidos para emboscar o adelantar una víctima. Tú no. Prueba de atrapar un cerdo o un pollo con las manos desnudas; observa qué pasa.”
Es parte de nuestra conciencia colectiva que tenemos “dientes caninos” y esto “demuestra” que somos carnívoros. Pero la verdad es que este argumento no podría ser más flojo.
Los llamados “dientes caninos” de los humanos son diferentes a los dientes caninos de los caninos reales, que son realmente largos y puntiagudos. Nuestros dientes no son en absoluto como los suyos. De hecho, otros animales vegetarianos (como los gorilas y los caballos) tienen los mismos dientes llamados “caninos”.
En general, nuestros dientes se parecen a los de los herbívoros mucho más que a los de los carnívoros. Por ejemplo, tenemos dientes molares (los herbívoros tienen, los carnívoros no). Probad de encontrar un diente de tipo humano en la boca de vuestro gato. Nuestros dientes también se pueden mover de un lado a otro para triturar, igual que los de los otros herbívoros, y completamente diferente a los de los carnívoros. Las mandíbulas que tienen sólo se mueven arriba y abajo.
Mi cita preferida cuando alguien sacó la racionalización canina en un tablero de mensajes: "¡Hola Julia! ¿Hemos evolucionado con dientes caninos? Me gustaría verte atrapar un buey y despedazarlo con estos incisivos feroces."
Lo que encuentro divertido es cómo el argumento de los dientes es tan importante para los defensores de la carne cuando hablan sobre los dientes caninos, y después, tan pronto como descubren que nuestros dientes son mucho más similares a los de los herbívoros que a los de los carnívoros, y por lo tanto la consideración de los dientes sugiere que estamos diseñados para ser herbívoros, de repente qué tipo de dientes tenemos ya no es tan importante para ellos al fin y al cabo.
Otros han argumentado que los depredadores tienen los ojos delante de la cabeza para la visión binocular, mientras que los animales de presa tienen los ojos a los lados, hecho que indica que nosotros caemos en el campo de los depredadores. Esto ignora el hecho de que los animales a los cuales somos más similares –los otros primates- tienen ojos delante de la cabeza y son casi exclusivamente vegetarianos. También es importante recordar lo que he dicho al principio de este artículo: ciertamente, hay pruebas en los dos bandos de este debate, pero la preponderancia de las pruebas demuestra claramente que lo que es adecuado es que seamos herbívoros casi exclusivamente.
Por supuesto que no. Cualquiera que declare que hemos evolucionado por comer carne a través de habilidades de caza recientemente desarrolladas sólo demuestra de qué forma tan pobre entiende la evolución, que además sucede en un período de tiempo mucho más largo. Aparte, si realmente hubiéramos evolucionado para comer carne, no nos mataría, que es el tema siguiente…
Las pruebas médicas son contundentes e indiscutibles: Cuantas más comidas animales comemos, más enfermedades del corazón, cáncer, diabetes y otras enfermedades degenerativas sufrimos. Esto se ha demostrado exhaustivamente sin ningún tipo de duda. Si fuera natural que comiéramos estos alimentos, no nos matarían. El hecho de que se pueda recuperar la salud dejando la carne y los lácticos es una prueba fuerte de que no tendríamos que haber ingerido estos alimentos en primer lugar.
Dean Ornish fue la primera persona que demostró que las enfermedades del corazón se pueden revertir, y lo hizo alimentando a sus pacientes con una dieta vegetariana. John McDougall también ha escrito exhaustivamente sobre cómo los alimentos animales causan enfermedades y cómo la gente puede recuperar su salud comiendo vegano. El apreciado T. Colin Campbell supervisó el estudio más masivo sobre la relación entra dieta y enfermedad, el China Study, que el New York Times llamó "el grand prix de la epidemiología". Sus conclusiones son las mismas que las de los otros expertos: no estamos diseñados para comer alimentos animales porque enfermamos cuando lo hacemos.
Los atletas vegetarianos y veganos están en el pináculo de sus deportes. Carl Lewis, el corredor, ganó nueve medallas de oro olímpicas. Lewis dice que tuvo su mejor rendimiento como atleta después de adoptar una dieta vegana.
Andreas Cahling, el culturista famoso, también es vegano. Ídem para el antiguo Mr. USA y Mr. America, Jim Morris. (Ved también el Yahoo video del 2007 de Morris, que ahora tiene 72 años, es tan entusiasta como siempre y todavía confía plenamente en la dieta vegana.)
Ruth Heidrich, una triatleta Ironman y corredora de maratones vegana, ha ganado más de 700 trofeos de primer lugar y ha conseguido unos cuantos récords de rendimiento. También se la llamó Una de las 10 mujeres más en forma de Norteamérica.
Aquellos que se opondrían diciendo que la mayoría de primeros atletas comen carne se pueden felicitar por no entenderlo. El hecho es que la mayoría de los occidentales comen carne, porque todos hemos crecido pensando que es bueno para nosotros y nos gusta. Así, por supuesto que la mayoría de atletas comen carne, porque sencillamente son humanos. Estos atletas rinden bien a pesar de sus dietas, no gracias a ellas, e indudablemente rendirían todavía más si comieran menos alimentos animales. Y mientras que es difícil obtener estadísticas fiables, no hay duda de que los atletas en general se han ido moviendo hacia el vegetarianismo en grandes números durante los últimos veinte años.
John Robbins escribió en Diet for a New America sobre cómo los vegetarianos tienen mucha más resistencia y aguante que los que comen carne:
En Yale, el Profesor Irving Fisher diseñó una serie de pruebas para comparar la resistencia y fuerza de los carnívoroscarnívoros con la de los vegetarianos. Seleccionó hombres de tres grupos: atletas carnívoros, atletas vegetarianos y sedentarios vegetarianos. Fisher comunicó los resultados de su estudio en el Yale Medical Journal. Sus descubrimientos no parece que den mucha credibilidad a los prejuicios populares que consideran que la carne es una constructora de fuerza. "De los tres grupos comparados, los que comían carne demostraron bastante menos resistencia que los que se abstenían (vegetarianos), incluso cuando estos últimos llevaban una vida sedentaria." En general, la puntuación media de los vegetarianos estaba por encima del doble de la puntuación media de los que comían carne, aunque la mitad de los vegetarianos era gente sedentaria, mientras que todos los que comían carne de la prueba eran atletas. Después de analizar todos los factores que podían estar relacionados con los resultados, Fisher llegó a la conclusión que: "...la diferencia de resistencia entre los que comían carne y los que se abstenían (era debida) completamente a la diferencia de dieta… Hay pruebas contundentes de que una dieta sin carne es propicia para la resistencia." Un estudio comparable fue hecho por el Dr. J. Ioteyko de la Academia de Medicina de París. El Dr. Ioteyko comparó la resistencia de los vegetarianos y los carnívoros de todos los tipos en varias pruebas. Los vegetarianos sacaron una media de dos o tres veces más resistencia que los que comían carne. Y, todavía más remarcable, sólo estuvieron una quinta parte del tiempo para recuperarse del agotamiento comparado con sus rivales carnívoros. En 1968, un equipo de investigadores daneses hizo una prueba a un grupo de hombres con varias dietas, utilizando una bicicleta estacionaria para medir su fuerza y resistencia. Se los alimentó con una dieta mixta de carne y verdura durante un período de tiempo y después se les hizo una prueba con la bicicleta. El tiempo medio que podían pedalear antes que los músculos les fallaran era de 114 minutos. Más adelante, estos mismos hombres fueron alimentados con una dieta alta en carne, leche y huevos durante un período similar y entonces se les volvió a hacer una prueba con las bicicletas. En la dieta alta en carne, su tiempo pedaleando antes del fallo muscular bajó drásticamente –a una media de sólo 57 minutos. Después, estos mismos hombres se cambiaron a una dieta estrictamente vegetariana, compuesta de cereales, verdura y fruta, y luego se les hizo la prueba con las bicicletas. La falta de productos animales no pareció que afectara su rendimiento –pedalearon una media de 167 minutos. Siempre y en todos los lugares donde se han hecho pruebas de este tipo, los resultados han sido similares. Esto no da mucho apoyo a la supuesta asociación de la carne con la fuerza y la resistencia. Unos médicos belgas compararon sistemáticamente el número de veces que los vegetarianos y los carnívoros podían apretar un medidor de agarre. Los vegetarianos ganaron considerablemente con una media de 69, mientras que los carnívoros sólo llegaron a una media de 38. Como en todos los otros estudios que han medido el tiempo de recuperación de los músculos, en este caso los vegetarianos también se recuperaron de la fatiga mucho más rápidamente que los carnívoros. Conozco muchos otros estudios en la literatura médica que explican descubrimientos similares. Pero no conozco ni uno que haya llegado a unos resultados diferentes. Como resultado, confieso que se me ha hecho bastante difícil escuchar seriamente a la industria de la carne proclamando orgullosamente que “la carne da fuerza” ante las pruebas contundentes de que es al contrario. |
No es necesario discutirlo.
Si lo veis de otra forma, simplemente estemos de acuerdo con no estar de acuerdo. He recibido una tonelada de e-mails sobre este tema, ninguno de ellos iluminador, la mayoría mal escritos, y sencillamente no tengo el tiempo ni las ganas de debatirlo con todo el mundo que lo quiere discutir conmigo. Y creedme: he oído todos los argumentos posibles. (Paré de oír nuevos argumentos hace aproximadamente 19 años.) Si sentís vuestra posición con tanta intensidad que lo tenéis que hacer saber sea como sea, entonces haced lo mismo que hice yo: cread vuestra propia página web exponiendo vuestros puntos de vista. Podéis estar seguros de que no os escribiré para discutir sobre lo que habéis escrito.
Gracias por leerlo.
-MBJMás sobre cómo la fisiología humana favorece una dieta vegetal: http://www.goveg.com/
Qué causó el desarrollo del cerebro humano
Algunos escritores aseguran que lo que provocó el cambio evolutivo que nos dio una inteligencia excepcional fue el hecho de que los primeros humanos introdujeran la carne en sus dietas (qué lástima que el hecho de comer carne no haya proporcionado el mismo beneficio a carnívoros como los lobos y los leones, ¿eh? Todavía siguen encallados con aquellos cerebros pequeñitos.) Es una teoría interesante, pero, aparte del hecho de que no es mucho más que una conjetura e imposible de probar, lo que es más importante es que no podría ser más irrelevante en referencia a la tesis de mi artículo. Incluso en el caso de que la introducción de pequeñas cantidades de carne en la dieta de los humanos hubiera causado una chispa evolutiva, esto es completamente diferente de lo que nuestros cuerpos están optimizados para comer. Tal como digo arriba, si la carne fuera tan natural, comer no nos mataría y los vegetarianos no tendrían una resistencia superior.
Del mismo modo, se ha dado el argumento exactamente contrario: que fue nuestra dieta basada en vegetales la responsable de la chispa evolutiva. “Desarrollar una memoria mejor para la localización exacta de los árboles preferidos, las rutas más cortas entre ellos y un programa sobre cuándo era más probable que tuvieran fruta debió favorecer definitivamente la supervivencia.” (Grande & Leckie) De hecho, el ayudante del profesor de mi clase de nutrición, después de conseguir el doctorado, escribió un libro diciendo que nuestra chispa evolutiva fue causada por el hecho de empezar a cocer féculas, como las patatas, en vez de comerlas crudas. Evidentemente, esto es una conjetura, igual que la idea de que fue la carne que nos hizo listos. Pero la existencia de estas opiniones académicas contrarias sirve para demostrar que la idea de que la carne nos hizo listos no es extensamente considerada un hecho, ni mucho menos.
Traducido de: http://michaelbluejay.com/veg/natural.html
El otro día hablando con un amigo surgió otra vez el tema de cuál es el auténtico sentido de la evolución humana. Es un tema que se suele malinterpretar, y cuya consideración es crucial para entender el verdadero significado de la mutación humana.
Desde un punto de vista superficial, podemos ver cómo el cerebro humano ha ido evolucionando hasta llegar a su forma actual, en la cual conviven de manera más o menos diferenciada tres partes: una base reptiliana, un cerebro mamífero en una segunda capa y el córtex en la superficie. El tamaño del córtex ha ido aumentando a medida que el hombre se ha ido haciendo más astuto, más ingenioso, más erudito, pero la base animal ha seguido predominando en su manera de actuar.
Porque, si consideramos el tema con profundidad, ¿en qué sentido se ha estado manifestando la evolución? Podríamos decir que hasta ahora la evolución humana ha consistido básicamente en una expansión cuantitativa del cerebro a través de la acumulación. Este patrón de conducta proviene del instinto básico de supervivencia, surgido a partir del miedo animal que lleva a forzar la maquinaria del cerebro en búsqueda de seguridad. Esta conducta animal ha adquirido proporciones gigantescas debido a la astucia del cerebro humano, que en este sentido sí ha evolucionado mucho. Es el modelo que ha predominado hasta ahora, y el mundo atormentado de hoy es el reflejo de esa actitud.
Pero lo que no se suele percibir en general es que esta clase de evolución cuantitativa no puede en ningún modo producir una auténtica transformación, una revolución total que permita la aparición de un nuevo ser humano. El salto cualitativo, que es el que marca una auténtica mutación, no llega dentro de este patrón temporal que presupone que a base de ir acumulando se llegará eventualmente en el futuro a un estado superior. La mutación llega cuando se descarta totalmente el patrón acumulativo como intento de buscar seguridad en la identificación con el mundo material, ya sea a través de objetos o de ideas. Este patrón interno es el que se manifiesta en comportamientos como la competencia, la envidia, la comparación o la ambición. Y también externamente en las guerras, así como en todos los nacionalismos y divisiones políticas, religiosas y sociales.
Que todo este conflicto se sigue manifestando es un hecho obvio, aunque a veces se haya maquillado y reprimido. Pero, quizás porque nos gusta pensar que somos seres muy evolucionados, nos cuesta reconocerlo como tal. Basta con echar un vistazo a un libro de historia del siglo XX para ver que, si bien la evolución ha sido tremenda en el plano tecnológico, seguimos siendo psicológicamente tan o más bárbaros que hace miles de años. Y el problema es ahora si cabe más grave porque el hombre se ha vuelto más astuto.
No es llenando ni forzando el cerebro que llegará la nueva raza humana. Se manifestará cuando el cerebro se dé cuenta de su comportamiento autodestructivo y mute así celularmente, cambiando cualitativamente su manera de funcionar y poniendo fin al incesante conflicto interno que lo ha ido degradando a lo largo de tantos años. Sólo así puede surgir algo nuevo, un ser humano totalmente diferente en todos los ámbitos. No en vano es a esto a lo que se refirió y dedicó Krishnamurti durante toda su vida de forma inigualable.
De momento, esta actitud sigue siendo minoritaria, como se refleja por ejemplo en el discurso de los políticos, que empujados por el sentir general buscan crecer y progresar continuamente, sin pararse a considerar si tiene algún sentido. Hoy en día progreso y progresismo son palabras que se utilizan continuamente para simbolizar un supuesto proceso de mejora, pero nada tienen que ver con la mutación.
Leyendo El secreto del electromagnetismo de los alimentos, de Nicolás Capo, encontré un comentario que enlaza con lo dicho:
<<[...]El problema es muy delicado, atrevido, sutil, maravilloso e interesante, por lo osado, como todo lo que se refiere a ese arcano y enigmático centro intelectual y mental del cerebro del hombre, el Homo sapiens. Cuando tenía 21 años <<veía>> estos temas de modo muy distinto, pensando que todos los cerebros eran iguales, solamente había que instruirlos, educarlos, eruditizarlos para que fueran geniales. Hoy, a los 65 años, comprendo el problema de muy distinto punto de vista.
Un hombre de 21 años puede pensar que el cerebro (de cualquier raza que sea; blanca, amarilla, cobriza, negra), alfabetizado e instruido, puede llegar a despuntar hasta donde llega el que más.
Sí ¡de acuerdo! Pero es en cuanto al relativo desarrollo intelectual, no al espiritual, pero no a la creación sutil mental. No es cuestión cortical, es cuestión selectiva sutilísima, podríamos decir: humana, superhumana. Y es que vemos que hay hombres que no son hombres sino bestias, aunque hayan cursado estudios en grandes academias. Por otra parte, vemos que hay hombres que no son hombres, sino superhombres, y no ya en intelecto, en terminismos, en literatura, sino en creación moral y en conciencia espiritual.
Y ése es el hombre evolucionado. No quiero citar casos ni nombres, el lector inteligente y mejor aún, el intuitivo, lo comprende bien y lo constata. <<Es en el infinito que platican los dioses>>.
Éste es un tema de carácter libre, comentado al margen de los conceptos aceptados oficialmente, una imagen de una vibración (en la voz del silencio) del <<hombre interior>>.
El gran pensamiento del siglo XIX, creía que el mundo era una ecuación de materia con la idea de combatir las supersticiones del hombre en la noche de las edades pasadas, creando mitos y sacrificios de sangre humana. Está bien. Estamos de acuerdo, ateniéndonos a esa razón de
racionalizar un poco al hombre de la caverna, lo podemos amitir momentáneamente, parentéticamente. Pero es que el siglo XX comienza a decirnos que no hay materia ni espíritu, y que todo <<es uno>>. (Lo que está arriba está abajo, y lo que está abajo está arriba).
¿Qué es el <<uno>>?¿Para qué el espíritu y la materia?¿A dónde van? Si no existiera <<ese>> movimiento de soles siderales, galaxias, y hombres en esta esfera terráquea ¿qué existiría? ¡La Nada! Y ¿qué es la <<nada>>? Un silencio categórico que se impone. No sabemos nada: ¡Misterio!¡En el Misterio nadamos!>>